sábado, 23 de mayo de 2009

A Maria Auxiliadora

Con Flores a María

Venid Y Vamos Todos
Con Flores A Porfía,
Con Flores A María,
Que Madre Nuestra Es. (2v)

De nuevo aquí nos tienes,
purísima doncella
más que la luna bella,
postrados a tus pies. (2v)

Venimos a ofrecerte
las flores de este suelo
con cuánto amor y anhelo,
Señora, Tú lo ves. (2v)

miércoles, 6 de mayo de 2009

Sol y luna en nuestro Cielo

Sol y luna en nuestro Cielo

Jesús les enseñaba a Sus discípulos a ver la Mano de Dios en todo, y en las cosas que nos rodean y que son parte de la creación, particularmente. El Reino de Dios es como un sembrado, les solía decir. O como un viñedo, o muchas otras comparaciones y parábolas que surgieron de Su Voz Santa. Así, siguiendo Su ejemplo, quisiera comparar hoy a nuestro Jesús con el sol.

Sol que nos da calor, que nos da vida, que se levanta cada mañana para mostrarnos el amor del Padre, insistente pese a nuestro olvido. Jesús, como el sol, se aparece cada mañana en nuestra vida para renovar el sentido de nuestro existir. A pesar de la angustia y el cansancio con el que nos fuimos a dormir la noche anterior, el sol de la mañana nos devuelve las ganas de seguir adelante, por ese sendero lleno de piedras que es nuestra vida.

Pero si el sol se parece a nuestro Jesús, Maria es sin dudas nuestra luna, porque Ella refleja la luz del sol, de Jesús. Sin El, Ella no es nada. Cuando la luna se aparece durante el día, prácticamente no la vemos, salvo que nos esforcemos a encontrarla en el firmamento celeste del cielo diurno. El sol, Jesús, ocupa y alumbra entonces nuestro día. Ella está allí casi invisible, recorriendo humildemente el firmamento de un extremo a otro de la esfera celeste. Sin embargo, de noche, cuando el sol no está, es Ella la que alumbra nuestra vida. Es María la que nos guía en medio de nuestras noches más oscuras, dándonos consuelo y esperanza de que, a poco, llegará el día. María, en esas noches, refleja la luz del sol, que aunque no lo veamos, allí está. Ella es el espejo por el cual Jesús llega a nosotros, y nos envía Su Luz y Su calor.

Es imposible separar al sol de la luna, ellos se complementan en forma perfecta para girar a nuestro alrededor y envolvernos del amor de Dios, como lo hacen Jesús y María. Pero recordemos que la luna, sin el sol, nada puede. Ese es el sentido de Maria en el Plan de Salvación, reflejar a Jesús ante nosotros cuando no logramos verlo. La Madrecita del Verbo nos guía en medio de los momentos de falta de Dios, cuando no logramos encontrarlo o conocerlo. Ella es el faro nocturno que alumbra nuestra noche espiritual, enamorándonos con esa luz blanca y pura, que nos atrae e invita. Y cuando Jesús, como el sol, surge esplendoroso ante nosotros, Maria ocupa un humilde lugar de acompañamiento, porque su misión ha sido cumplida.

Y de cuando en cuando, pero sólo de cuando en cuando, Jesús deja que Ella lo eclipse por unos instantes, que tome un lugar predominante a los ojos de los hombres. Jesús quiere, en esos momentos, que comprendamos el misterio de la Maternidad Divina, el maravilloso acto de amor de un Dios que se dejó eclipsar por nueve meses en el vientre de tan hermosa criatura. Dios, enamorado de esa perfecta obra de Su Creación, se compadece de los demás hombres y mujeres que no llegamos ni mínimamente a compararnos con Ella. Entonces El, como el sol enamorado de la luna que ve en ella el reflejo de Su propia perfección, nos perdona una vez más. Nuestro Dios espera entonces que seamos también nosotros como pequeñas lunas y podamos reflejar Su Luz en este mundo, como lo hace Ella.

En las noches claras, cuando la luna blanca resplandece en medio del mar de estrellas que inundan el cielo, veo a mi Madrecita que me sonríe y clama, invitándome a la oración. En medio de un silencio que conmueve el alma, sus reflejos bañan las pupilas de los pocos hijos que elevan su vista para admirarla, para sonreírle. Su luz, blanca y brillante como nadie la puede describir, no es propia. Es un vestido, un hermoso vestido que le regaló Su Hijo, porque Ella es, simplemente y como la luna, “la Hermosa Dama vestida por el Sol”.


http://www.reinadelcielo.org

martes, 5 de mayo de 2009

24 de Mayo dia de Ma. Auxiliadora

Novena a María Auxiliadora
(Recomendada por San Juan Bosco)

1º  Rezar, durante nueve días seguidos, tres Padresnuestros, Avemarías y Glorias con la siguiente jaculatoria: "Sea alabado y reverenciado en todo momento el Santísimo y Divinísimo Sacramento" y luego tres Salves con la jaculatoria: "María Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros".
2º Recibir los Santos Sacramentos de Confesión y Comunión.
3º Hacer o prometer una limosna en favor de las obras de apostolado de la Iglesia o de las obras salesianas.


San Juan Bosco decía "Tened mucha fe en  Jesús Sacramentado y en María Auxiliadora y estad persuadidos de que la Virgen no dejará de cumplir plenamente vuestros deseos, si han de ser para la gloria de Dios y bien de vuestras almas. De lo contrario, os concederá otras gracia iguales o mayores".

 

NOVENA DE LA CONFIANZA 

Madre mía de mi vida,
auxilio de los cristianos, 
la pena que me atormenta, 
pongo en tus benditas manos. 
(Ave María)

Tú que sabes mis secretos, 
pues todos te los confío, 
da la paz a los turbados 
y alivio al corazón mío. 
(Ave María)

Y aunque tu amor no merezco, 
nadie recurre a Ti en vano, 
pues eres Madre de Dios 
y Auxilio de los cristianos. 
(Ave María)

Finalmente, se reza la oración de San Bernardo:


Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes! Y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente.

Fuente: Web catolica de Javier

ORACION A LA VIRGEN

La Virgen MaríaBENDITA SEA TU PUREZA

Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada, María,
te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
¡Mírame con compasión!
¡No me dejes, Madre mía¡